Habitación 8

Habitación 8

Era sábado 16 de Julio del 2016, desde hacía varios días mis ánimos andaban disminuidos con un malestar poco común, permanente, parecía cansancio, parecía debilidad. Cuando tomaba mi baño, algunas partes de la piel se sentían diferentes al tacto con el agua, era como si no percibía la temperatura del agua, entumecido por partes. Andaba de moda el infame virus del Zika, provocado por el mosquito Aedes, pensé que podía ser esa la razón de mi malestar. Este sábado en particular amanecí con un síntoma nuevo que me hizo saltar de mi cama y salir corriendo al hospital. Mis labios estaban entumecidos y no podía articular bien las palabras, por un momento pensé en un posible accidente cerebral o derrame; pero eso no cabía en mi lógica, porque nunca he sido hipertenso, hago ejercicios regularmente, cuido lo que como, es decir, “cosas de viejo” como diría James, mi hijo mayor. De cualquier manera ya estaba asustado al ver mi labio torcido, así que salimos directo a emergencias del hospital Metropolitano con Brenda y un amigo que nos condujo hasta allá.

Minutos eternos esperamos para ser atendidos, después que una seria pero educada y profesional enfermera me tomara los signos vitales para ser evaluado por el médico de turno. Primero llegó una joven médico general que me hizo preguntas sobre los síntomas, algunas pruebas generales para luego retirarse. Luego entró el neurólogo de turno, el doctor Coulson, quien después de varias observaciones, muecas con la cara, tiraba besos sonados que me salían tímidos, no se si por tener de frente a un hombre; pero mas creo que era porque los nervios faciales ya estaban fallando. Me hizo pruebas de fuerza con los brazos, con las piernas, reflejos, reacción al tacto, para concluir: Estoy casi seguro que es           el síndrome Gilliam –  Barré … pausa incómoda… miré a Brenda, mi esposa, quien estaba a mi lado con la misma cara de duda con que ella me miraba, ese pre diagnóstico sonaba como a enfermedad rara, de esas que solo afecta a los millonarios, de las que solo faltaba que el doctor dijera que iba a pasar tomando una medicina de por vida para controlar aquella enfermedad, ¡nada mas frustrante! con lo que detesto las medicinas; o peor aún; que solo me quedaba un par de meses para despedirme de este mundo cruel. Cualquier cosa, menos que era un síndrome que afecta a una de cada cien mil personas, que es auto inmune y que las defensas de mi cuerpo por cierto muy activas, atacaban mis nervios, que iba a progresar y que me iría quedando sin fuerzas en todo el cuerpo, de eso nos tocó saber después de las búsquedas que Brenda hizo en la Internet ya que no teníamos la menor  idea de aquel síndrome bautizado con el nombre francés por los apellidos de sus descubridores. Investigó las causas, efectos, tratamientos, terapias de rehabilitación del nuevo mundo al que estábamos entrando, el mundo del Gilliam – Barré

Por instrucciones del neurólogo, regresamos al hospital el lunes siguiente 18 de Julio por la tarde, para terminar de confirmar su diagnóstico mediante un examen especial llamado electromiografía que mide la velocidad de los impulsos nerviosos en varias áreas del cuerpo. Este día, mis fuerzas estaban aún mas disminuidas, hablaba y se me entendía menos, no articulaba bien las palabras, las piernas se me cruzaban un poco al caminar con poca estabilidad y sentía mareos, para poder movilizarme bien tuvieron que llevarme de un lado a otro del hospital en una silla de ruedas.

Recuerdo que tuve una video llamada con James contándole lo que pasaba, como me sentía, le relaté lo que hasta ese momento sabíamos del síndrome y para alivianar un poco el momento le decía que lo que mas me molestaba era hablar como pendejo; arrastrando las palabras. Realmente habían otras cosas mas molestas pero no quería darle un repertorio incómodo y aburrido, así que mejor hice algo que disfruto para tratar de ganar algunas sonrisas y a la vez  me burlaba del Gilliam – Barré para que no se creyera que podía dominar mi humor y que supiera que podía hacerme hablar con dificultad, caminar lento y torcido, tener dolores de espalda pero que no iba a hacer que me dejara de reír de él.

Mas pruebas físicas de fuerza, mas muecas con la cara, mas besos al aire estirando la boca, que cada vez se quedaba mas estática para luego confirmar lo sospechado:

Fui el elegido dentro de los cien mil humanos, estaba muy claro, los otros noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve humanos quedaban libres, ¡que afortunados fueron! Que bien por ellos… Oficialmente empecé a vivir con el síndrome Gilliam – Barré. Diagnóstico confirmado.

Debía ser internado ese mismo día; dijo el neurólogo… Silencio de segundos, Brenda atenta al resultado y anticipando cada siguiente paso, Ana Paula y la Lilly escuchando atentas, pensando talvez que estábamos iniciando una nueva aventura. El doctor, a un lado con su cara de “así debe ser” explicando los pormenores del proceso y atacado por nuestras dudas que no faltaban. Por un momento coqueteé en mi mente con la idea de que era algo que pasaría en un par de días y que me podía decir…”váyase a su casa y tómese estas pastillas 3 veces al día por 8 días”; pero no; iba internado por tiempo indeterminado, hasta que al síndrome le diera por evolucionar.

Llegamos al hospital Bautista donde después de llenar las formalidades, nos admiten. Habiendo estado muchas veces en diferentes hospitales, hasta este día pude ver desde otro ángulo lo que se vive allí, miraba por primera vez desde la perspectiva del enfermo, del discapacitado en busca de atención, el que espera que todos anticipen tus necesidades y que estén pendientes de tus urgencias. En el pasillo de paredes blancas que termina en una puerta abatible de vidrio y marco de aluminio, nos han asignado la habitación ocho, ya casi anochecía, el pasillo estaba quieto, pasaba una enfermera que nos saludó mientras entrabamos a la habitación. Entramos y ya las sábanas blancas estaban sobre la cama, ya nos estaban esperando, sabían que había un nuevo inquilino. Al lado izquierdo de la habitación un pequeño sofá negro, junto a la cama una silla mecedora de madera café, una mesita de madera, un armario sin puertas que tenía arriba un televisor pequeño, un inodoro, un baño con un asiento de esos para tomar baños y finalmente, mi cama especial de hospital, de esas que suben y bajan para tratar de acomodarte de la mejor manera que uno pueda. Me senté sobre la cama para empezar a aceptar la realidad, vi que había una bata blanca de hospital doblada a un lado de la cama, no la usé sino hasta el día siguiente y por recomendación de una enfermera, ese día me aferré a la ropa que traía puesta, un short y una camiseta, trataba de ver mi estadía  como un evento pasajero, bastante pasajero. Las niñas calladas, solo me veían tratando de terminar de entender lo que pasaba. Hablábamos poco y bajito, el ambiente calmo, Brenda hacía los arreglos necesarios; ¿Quién cuida la casa? ¿Quién acompaña a las chicas para que no estén solas? La escuela, la comida, los pagos; todas las cosas que no se detienen a pesar de todo lo que pase. La despedida de las chicas en ese momento….se cuidan, se portan bien, tu papa va a estar bien, correspondía animarlas con el nudo que de repente se forma en la garganta debido a  la incertidumbre, ambos, Brenda y yo éramos nuevos en esto, nunca me había enfermado así; pero siempre hay una primera vez.

Era la víspera de la celebración del 19 de julio, es decir, oficialmente el ”día de la alegría”, a lo lejos se escuchaban los estruendos de la celebración. A mi espalda no le gustaba esa cama de hospital.

Amaneció en el hospital Bautista, sueño interrumpido, literalmente dormí como un bebé, me despertaba cada dos horas y me quedaba dando vueltas, no encontraba la posición correcta en la cama o al parecer no la había, me pude levantar con asistencia para ir al baño, las piernas me pesaban, no me respondían, mis piernas que nunca me habían fallado, ahora falseaban a cada paso, miraba doble, estaba mareado, el síndrome iba de frente ese 19 de Julio.

Desayuné normal, es decir, los alimentos eran normales pero masticaba con dificultad, Brenda me alimentaba y yo sentado, siempre comí  todo y de todo aunque le sintiera un sabor medio amargo a las cosas, en especial a los alimentos fríos, comía con un poco de asco. Creo que me acordé de los consejos que de niño siempre me decía mi madre: “cómase todo, que si no come se enferma mas, la comida le da fuerzas para vencer la murriña” (así le decía a las fiebres). Me aferraba a comer para no dejarme vencer, comía todo lo que me llevaban. Tenía antojos de sopa y las sopas llovieron en aquella habitación 8; sopas Maggi, sopa de frijoles, sopa de pollo, mis antojos soperos fueron satisfechos por gentes solidarias amigos y familia, no me puedo quejar, pude sentir el cariño con sabor a sopa, sentí el amor con cuidados, me sentía humilde ante todo aquel despliegue de atenciones hacia mi.

Llegó mi suegra Esperanza desde los Estados Unidos a los dos días de estar internado, también James viajó desde Alemania, era como una convención nacional e internacional el suceso que ocurría, me sentí halagado y muy querido. Son esos momentos en que solo una sencilla visita significa todo para vos, memorables momentos en que de repente se llenaba la habitación 8 con tanta gente especial, todos hablando, preguntando, contando sus cosas, aprendiendo del síndrome, de como me había afectado, risas cada vez que podía burlarme de mi condición. No me molestaba repetir mi historia, sobre todo cuando me reía de las cosas que pasaban, tratando de ver el momento jocoso de cada día, las inyecciones en el ombligo, ¡mis favoritas! le decía a la enfermera. El catéter insertado en la vena para administrar el suero, un día en la mano izquierda, otro día en la derecha; alternado. Interminables las noches con una de mis manos esclava de aquel tubo de acero, dependiendo de donde estaba ese día, hacia allá se dirigía mi espalda y mi voluntad, los controles de la cama carecían de la posición ideal, los busqué en todas las posiciones y todas eran las incomodas, pies arriba, espalda abajo, columna curva, cabeza arriba, boca abajo, de ladito, sentado, intenté el sonido de quienes hacen meditaciones de yoga: Ommmm….me funcionaba solo por un minuto. El dolor de espalda aumentó después de la punción lumbar que me practicaron para sacar una muestra de líquido de la columna para otros estudios mas detallados.

Al segundo día de estar en el hospital con el síndrome avanzando, sentía inmovilidad en todas las extremidades, llegó por la tarde un señor, llevaba un pantalón azul y una camisa tipo polo y de color blanco bordado a un lado del pecho, el logotipo del hospital con un título que decía en letra mayúscula: CAPELLAN. Lo primero que vino a mi mente fue: iglesia…resignación…extrema unción!!! nada mas tétrico en aquel momento. Estaba atardeciendo, las luces de la habitación apagadas todavía, una luz tenue entraba por el vitral de las persianas, llevaba mi bata de hospital, la sábana hasta la cintura, en los pasillos no se oían pasos, ni las carretillas que venían de la cocina repartiendo el menú de la tarde. El capellán saluda con vos baja y entra, se presenta y se sienta en la silla mecedora, frente a mi cama, su trabajo en el hospital era de visitar a los enfermos y familia para dar ánimos y llevar un mensaje de aceptación, de esperanza. Me comentó sobre un par de casos extremos de Gilliam – Barré, que llegaron inmóviles, solo movían los ojos y que, lamentablemente, no lograron superar el trance…perdieron la batalla ante el síndrome.

Si su trabajo era de animar, no lo había logrado conmigo

Terminó su visita, deseándome pronta recuperación y se fue.

 

Al tercer día, la noticia de mi estado de salud ya era sabida por la familia y amigos. Llegaban a la habitación 8 con sus caras al principio curiosas por el repentino suceso y luego, ya mas tranquilos se iban después de haber dejado toda su vibra positiva que me alimentaba a diario y después de haber reído un poco con las constantes descargas de bromas que espantaban a ratos al fantasma del Gilliam – Barré.  Mi estadía como huésped de la habitación 8 se hizo mas llevadera gracias a las benditas sopas que por mis antojos y peticiones me llevaban cada día, era lo que mas me apetecía en esos momentos, aunque igual no le negaba la cuchara a las demás recetas del hospital que gracias a que no tenía restricciones de dieta, eran de lo mas normales, casi como un restaurante.

Al cuarto día, el síndrome avanzaba poco a poco, había perdido los reflejos en mis piernas, no podía mover el pie izquierdo, con dificultad elevaba las piernas cada vez que el neurólogo pasaba a hacer el chequeo diario. Toser era dificultoso, los músculos del pecho se habían debilitado, de hecho todos los músculos del cuerpo estaban reducidos en fuerza y volumen, sentarme en la silla era todo un desafío, si me sentaba hacia adelante me dolía la espalda, si me sentaba hacia atrás me dolían las piernas y si me trataba de poner de pie, no conseguía estabilizarme. Brenda dormitaba en el sofá después de una noche de pésimo sueño debido a mis insomnios y contorsiones en la cama, mis constantes llamados la ponían en alerta y súbitamente se incorporaba para acomodar la almohada en la silla, la toalla hecha un rollo en la nuca, una mesita plástica en los pies. Minutos mas tarde, esa ya no era una posición cómoda. Nuevamente, Brenda, que sin llamarla por que ya me daba un poco de pena hacerlo, reacomodando todo de nuevo, de nuevo el traslado al baño, de nuevo ponerme de pie, que quiero caminar un poco; ¡ayúdame por favor!…Uff, ya  me cansé, voy a la cama nuevamente. Y así, el ciclo continuaba día a día. ¡que complicado es cuidar a un enfermo!

Todas las mañanas llegaban las enfermeras a cambiar la ropa de cama por una fresca y limpia con ese olor a cuarto estéril, desinfectado y neutro. Me bañaron sobre mi cama por tres días, no cabía espacio para la vergüenza, estaba sin fuerzas, lo necesitaba. Era un baño corto y dirigido justo a lo necesario. Los primeros dos días bañado por amables enfermeras, el tercero por dos serios enfermeros…al cuarto día, decidí tomar fuerzas y bañarme solo.

Contaba también con los masajes maternales de mi suegra, llegaron en esos momentos en que no estaba bien ni de un lado, ni del otro, los días parecían noches y las noches día, dormir era un sueño y aun con sueño no conseguía pegar un ojo,  era intermitente, me desconectaba y me conectaba.

La solidaridad y fortaleza de Brenda, fortaleza que a ratos las lágrimas de lo incierto intentaban quebrantar, me dio ese apoyo tan necesario. El abrazo de mis hijos  me tenían ahí luchando, esperándolo cada día interminable para al fin sentirlo; ese tierno y cálido abrazo, quizá un poco breve pero igual de reconfortante y vital, era mi respiro diario, mis ganas de vivir, mis fuerzas, era yo, eran ellos, eran sus ojitos, eran sus sonrisas, eran mis bromas, la estadía, la compañía, esas cosas que complementan todo lo que toda esta masa de carne con huesos puede llegar a sentir por esas personas que están ahí por vos, solo por vos, porque te dicen que te lo mereces, te dicen que los has querido y que ahora te lo devuelven con creces. Esos momentos en que la fuerza te nace del alma cuando los músculos y los nervios no quieren responder y te hacen que te muevas a como sea, solo en esos momentos es que te das cuenta que alguien realmente te quiere, que quiere que te quedes mas tiempo porque sos importante y por qué aun te faltan muchas  vivencias con ellos.

Al quinto día el síndrome se quedó quieto, se arrepintió – dije yo. El doctor me hacía las pruebas a diario, manos, pies, piernas, todo igual, parece que del porcentaje de seleccionados, había otro porcentaje menor de más afortunados a quienes el síndrome no les continuaba y que no había necesidad de depender de cuidados intensivos, parece que dentro de esos, estaba yo.

Oraciones, unciones, plegarias grupales, alabanzas a lo mas sagrado de su fe, estaban presentes todos estos días, personas a quienes solo saludaba de manera ocasional, compañeros de trabajo, amigos, todos estaban ahí demostrando su cariño y solidaridad a través de una oración muy sentida desde adentro. Yo los miraba y estaban comprometidos con ese deseo profundo de que todo saliera bien, que el síndrome saliera de mi cuerpo, eso se sintió tan reconfortante, realmente sentí esa pasión en la habitación 8 que  estaba inundada de su solidaridad. ! Cuanto les agradezco esas muestras de cariño!

Los días restantes hasta el día 28 de julio transcurrían normales, los dolores en la espalda continuaban, el cuerpo casi inerte, la cara fija, casi no dormía, pero el síndrome no continuaba, estaba estacionario. Una amable enfermera me consiguió un andador para poder practicar porque le dije que quería intentarlo aunque las piernas dijeran lo contrario. Aquella era mi herramienta de independencia, me sentía único con aquel andador.

El baño, ubicado a tres pasos de mi cama, era la frontera que ansiaba cruzar con mis fuerzas y ese andador era mi vehículo, con él podía ir al baño, a veces silencioso, a veces no tanto porque despertaba a Brenda, quien me retaba por la osadía de querer ir al baño solo. Mis caminatas iniciales eran dentro de la habitación, una vez iba hasta la pared, luego regresaba y ya tenía suficiente por ese día. Después eran dos vueltas y luego tres. Luego empecé a salir al pasillo, diez metros desde la habitación ocho hasta la puerta de cristal con aluminio, pasando por la habitación nueve donde días atrás había escuchado el júbilo de la recuperación de mi vecino de cuarto, contrario a la agonía de la seis.

Era momento de seguir, el síndrome se había quedado arrepentido, sentí que la recuperación empezaba y una alarma me había sonado para empezar a caminar, para intentarlo.

Me dieron de alta el día 28 de julio de 2016 a las diez de la mañana, salí en silla de ruedas para llegar mas rápido al carro, la luz del sol era insoportable, la claridad me cerraba los ojos, la mañana me quemaba la piel, mis piernas eran tristes remedos de lo que un día fueron, debía repetir varias veces lo que decía porque no articulaba debidamente las palabras, sentía que empezaba una lucha que hasta el día de hoy permanece y es testigo de que hoy por hoy, esta es la prueba de vida mas importante que me ha tocado vivir, no la mas dura de todas, no la mas relevante de todas, pero definitivamente la que me ha hecho sacar mis mas fuertes voluntades y aquí, desde este escrito he decidido compartirles.

 

 

Miguel Guevara

Sobreviviente del síndrome de Gilliam – Barré

Junio de 2017

Fotos de Julio, 2016

 

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Fotos, Julio 2017

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Amigos, Amigas Facebukeros…..

Como muchos saben, comencé la dinámica de rifar parte de mis libros, con el único fin de promover la lectura e iniciar una cadena de intercambios de libros, sin costo para ninguno.   La dinámica fue poner los nombres de las personas que dejaban sus comentarios de los libros en un bol y el primer nombre que sacaba era el ganador o ganadora, hasta ahora he rifado y entregado 3 libros:

DOS VECES UNICA de Elena Poniatowska,

EL BALCON DE FEDERICO de Carlos Fuentes,

LA MUJER JUSTA de Sandor Marai.

ATENCION…..

El siguiente libro es:  LA PIEL DEL CIELO de Elena Poniatowska,  y la dinamica para participar en la rifa es suscribirse a este blog, entre todos los que se suscriban estaré rifando los libros.  A los ganadores les pido que sigan circulando los libros, si tienen libros que quieran donar y rifar en este espacio, podemos hacerlo.

Que viva el maravilloso habito de leer!!!

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Que es el Belly Dance???

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Hace poco escuche a un conocido decir, que este tipo de movimiento de caderas  provocan yernos, (comentario inapropiado, machista, patriarcal, ademas de una ignorancia absoluta) . La experiencia que he tenido acompañando a mis hijas en sus practicas es hermosa, ejemplo de sororidad entre las bailarinas, amistad y profesionalismo de parte de su profesor Franck Larios, ambiente cálido en la Escuela Nacional de Danza. En fin bailar es arte!! Es ridículo pensar que a estas alturas las jovencitas, bailan solo para provocar a algún trasnochado machista, bailan porque les gusta, aceptan sus cuerpos…..

Les comparto un poco de historia y de los beneficios de este baile.

La Danza Oriental es una de las danzas más antiguas del mundo, que combina elementos de diferentes países del Medio Oriente y el Norte de África, aunque sus orígenes precisos son inciertos.

En los países árabes ésta danza se conoce como Raks Sharki, . Incluye movimientos del folklore egipcio, la danza clásica y la danza contemporánea, con grandes desplazamientos, vueltas y movimientos para todas las partes del cuerpo, aunque los de cadera son muy importantes.

El Raks Baladí, significa “danza del pueblo”. En algunos pueblos de la antigüedad se pensaba que la fertilidad humana estaba directamente relacionada con la tierra. A las mujeres creadoras de nuevas vidas se les atribuían poderes mágicos.

En Turquía; Grecia, Roma y Chipre, hace miles de años, las mujeres tenían danzas rituales en honor a los poderes mágicos de la fertilidad y sus divinidades. Algunas de ellas se realizaban en honor a las diosas del amor y la fertilidad con danzas rituales acompañadas de canto y percusión.

Beneficios,

 

• Bailar ayuda a mantener en forma los reflejos.• Hace que la respiración sea más profunda y se fortalecen los pulmones.• Como todo ejercicio regula la presión arterial.• Fortalece los músculos y los huesos disminuyendo el riesgo de padecer osteoporosis.• Mejora la flexibilidad de todas las articulaciones.• Ayuda a reducir el colesterol, elimina sustancias tóxicas del cuerpo y controla el peso.• Contribuye a conciliar el sueño con mayor facilidad.• Mantiene el cerebro en forma pues requiere de concentración durante el tiempo que dura.• Trabaja la coordinación y la memoria visual porque hay que evitar perder el ritmo de la música.• Disminuye las pulgadas de tu cintura, mientras disfrutas de los movimientos corporales más antiguos de la historia Egipcia.

Con el Belly Dance aprenderás a aislar diferentes partes de tu cuerpo. Eliminarás el estrés y canalizarás las energías de tu cuerpo positivamente.

 

Atención al cliente???

Existe realmente la atención al cliente en Nicaragua???  Aquello de que el cliente siempre tiene la razón, se aplica o es solo una leyenda urbana…….

Primero tengo que aclarar que cuando no recibo el trato adecuado (y no es que espere una atención extraordinaria) por el servicio que estoy  solicitando y pagando, hago el reclamo correspondiente.  Hace algún tiempo denuncie por las redes el trato inhumano, que recibí en uno de los mejores hospitales de Managua , por supuesto uno de los mas caros, donde les contaba que la radiologa entro, permaneció y salio hablando con su celular, no dejo el infernal aparato en toda la consulta, reclame y exigí que me realizaran otra vez los exámenes…. Otra amiga denuncio en las redes que fue a su consulta medica y la doctora no paro de hacer negocio en todo lo que tardo la consulta, cual era el negocio de la doctora?? vender rosquillas y atender a sus clientes y pacientes en el mismo tiempo y espacio.

La mala atención al cliente se extiende desde la pulperia de mi barrio, restaurantes, taxis, hoteles, aeropuertos, centros comerciales etc… parece que los dueños de negocios no se dan cuenta que lo que los mantiene a flote son sus muy mal tratados clientes. Lo ultimo que me paso hoy, pregunto a una Escuela de Manejo, por el tipo de carro  que usan para la instrucción??? a lo que contestaron ´¨ un carro de 4 ruedas¨

Respire y le dije :

Esa no es la respuesta, para una futura cliente.
Hay carros, mecanicos, automaticos, viejos, nuevos, hidraulicos etc……
Las empresas, no importa cual sea el servicio que ofrecen deben ser y actuar como profesionales .
Al final se disculparon!!
Que hacer??? Por ahora denunciar públicamente, cada establecimiento en los que no reciba la atención adecuada, seguro saldrá en las redes con nombre y apellido!!!

Hoy fui a la re-inauguración de LITERATO, sucursal Metrocentro, fui acompañada de mi hija Ana Paula y Miguel. Como ya es costumbre llego saludando a todo el personal y de inmediato me echo una platicadita,  como les va?? y los hijos?? que tienen de nuevo?? y el lamento tradicional: que caro que sale leer en este país!! Y si me encuentro a la Julie Vallejo, la platicadita puede extenderse…

El nuevo ambiente de la tienda, es juvenil, dinámico y confortable , aunque esta adecuado para chavalos y chavalas siempre hay espacio para una cuarentona como Yo. La variedad de libros es amplia e interesante, el personal de la tienda es altamente calificado y te brinda una atención personalizada.  Seguro que regreso, aunque me queje del precio, jajajajajjaja

librosssssssssssssssLITERATO

El viacrucis de la inspeccion mecanica

Después de días de postergar la visita al taller para la inspección mecánica, y claro presionada por la posibilidad de que la Policía, me multara,  fui tempranito al taller con la ilusa esperanza de encontrar fila corta,  me acomode y conté los autos que estaban antes que el mio, eran 40, pero bueno ya estaba ahí y no quedaba otra que esperar mi turno, después de hacer fila sobre la carretera y bajo el sol, al fin logramos entrar al taller, primero inspección mecánica, solo le dijeron a Lenin (el conductor) que encendiera el auto y ya lleno su formulario , pregunte y eso es todo??? Si, es todo, ahora pague 400 Córdobas y espere la inspección de emisión de gases, eso lleva tiempo y toco esperar, ahora al menos bajo un toldo, fui a caja a pagar los primeros 400 córdobas , en lo que estaba ahí llego un Senor demandando rápida atención porque el carro que andaba era de un Diputado, igual hizo la fila y las gestiones.  Seguíamos esperando y de repente llega una muchacha y se estaciona muy campantemente donde todos estábamos esperando y recibió una rápida atención le dio la circulación y licencia de la camioneta al muchacho del taller y así sin mas le extendieron sus resultados de inspección mecánica sin siquiera encender su camioneta , así atropellaron nuestros derechos, los demás simples mortales estuvimos ahí desde las 7 am hasta la 1pm, por supuesto que todas y todos protestamos, pero de nada sirvió, así que no me quedo de otra que fotografiar y publicarlo por este medio.  La misma responsabilidad tiene l personal del taller que no esta revisando bien los vehículos, y tiene preferencias por ciertos clientes.  Aquí les dejo fotos de la camioneta que manejaba la Señorita , foto del empleado del taller gestionando el tramite y foto del taller que esta en Masaya. A los demás mortales no nos quedo de otra que esperar y arrecharnos.

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Hace unos días, mi hija Ana Paula, me comento que su profesora, les había comentado, que “Los homosexuales, están condenados, porque Dios no los acepta” a lo que Ana Paula de inmediato respondió : Profe, Dios nos ama a todos por igual, no creo que el sea tan mala onda que va a traer homosexuales al mundo solo para condenarlos.  La profesora se quedo sin decir palabra y cambio de tema.

Este comentario de mi hija, me hizo sentir de inmediato orgullosa, porque la primera escuela de nuestros hijos e hijas es el hogar, si nos preocupamos de su educación y de fomentar en ellos el respeto hacia los demás, si sembramos la semilla de la solidaridad y predicamos con el ejemplo, sabrán responder a comentarios absurdos como este. Creo en un Dios, de amor, solidario, justo, generoso….. creo al igual que mi hija en un Dios, buena onda!!!

Celebrando los 4 años del blog 1001 trópicos con sus lectoras y lectores

1001 trópicos

Por Mildred Largaespada

El blog 1001 trópicos está cumpliendo 4 años y estamos celebrando hoy la apertura de un espacio independiente de comunicación. La nueva era de la información ha demostrado que “el cuarto poder” no reside en los medios de comunicación institucionalizados sino en la gente que lee, mira, escucha e interactúa. Una, un periodista no lo hace bien hasta que no pasa el examen de la gente. Un blog, como cualquier medio de comunicación, no es nada sin un grupo de gente que lo lea y comparta. Creo que el blog 1001 trópicos se ha consolidado por el tipo de temas y personajes que expone.

Este año le he pedido a lectoras y lectores que hablen sobre el blog y esto dicen. Con gente así dan ganas de seguir blogueando.

Erik Flakol Alegría. Periodista, escritor, cineasta, navegante. Erik Flakol Alegría. Periodista, escritor, cineasta, navegante.

Erik Flakoll

“Los que la conocemos sabemos que lleva tinta de…

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